Llaves de bronce de bolsillo: cerraduras romanas
Una llave romana no era un trozo de hierro—te la ponías en el dedo como un anillo.

Antico (Pier Jacopo Alari Bonacolsi) — "Satyr" (ca. 1510–ca. 1520), public domain
Dedos con anillos, puertas cerradas
Una romana adinerada podía abrir su joyero con una llave en el dedo. Las cerraduras de bronce romanas eran pequeñas maravillas: pivotes, pestillos, resortes—todo en miniatura. Algunas parecían más joyas delicadas que herramientas.
Seguridad a la romana
Los arqueólogos han desenterrado cientos de estos anillos-llave desde Britania hasta Egipto. Protegían puertas, cajas, hasta jaulas. ¿Perdías el anillo? Olvídate de entrar en tu propia casa. El sueño (y la pesadilla) de cualquier carterista antiguo.
Los romanos inventaron cerraduras diminutas y complejas de bronce. Los ricos llevaban sus llaves como anillos o colgantes—joya y seguridad a la vez. Los arqueólogos siguen encontrando estas llaves minúsculas por todo el imperio, algunas más pequeñas que una uña.