Maldecir enemigos—en plomo
Si querías embrujar a tu enemigo en la antigua Roma, grababas una maldición en una lámina de plomo y la enrollabas bien apretada.

Unknown — "Head from a Figure with a Beaded Headdress" (12th–early 13th century), public domain
Maldiciones grabadas en plomo
¿Quieres venganza? Toma una lámina fina de plomo. Los romanos grababan maldiciones—a veces párrafos enteros—con nombres, crímenes y castigos para los dioses del inframundo. El resultado: una tablilla enrollada y atravesada por clavos, lista para esconderse.
Escondidas en tumbas y pozos
Los arqueólogos han encontrado más de 1.500 de estas tablillas de maldición en todo el Imperio Romano. La mayoría se enterraba profundo—en tumbas, pozos o manantiales sagrados, donde los espíritus podían llevar el mensaje. Algunas llevan pelo o trozos de ropa para que la maldición pegara más fuerte.
Más de 1.500 de estas 'defixiones'—tablillas de maldición—han aparecido por todo el mundo romano, de Bath a Cartago. Nombres, crímenes, hasta mechones de pelo se enterraban con la tablilla, muchas veces en pozos o tumbas, para llegar a los espíritus de abajo. Una tablilla de Bath, Inglaterra, pide que ‘quienes robaron mi capa’ pierdan la mente, los ojos y los miembros hasta que la devuelvan. Venganza, subcontratada a los muertos.