Fidias acusado por el oro de la diosa
El hombre que esculpió la Atenea del Partenón fue arrastrado a los tribunales—lo acusaron de robarle oro a la propia diosa.

Unknown — "Terracotta plemochoe (vase for perfume)" (5th century BCE), public domain
Togas de oro en el banquillo
La Atenea de Fidias dominaba el Partenón, reluciente con placas de oro. Pero empezaron los rumores: ¿se habría quedado con una fortuna de la diosa? Los atenienses llevaron al escultor a juicio, y la ciudad entera murmuraba acusaciones.
Demostrar pureza—desnudando a la diosa
Para limpiar su nombre, Fidias pidió que desvistieran la estatua y pesaran el oro en público—cada dracma contada. Ganó en números, pero perdió su seguridad: las denuncias siguieron y pronto tuvo que huir de Atenas para salvar la vida.
Un genio devorado por la paranoia democrática
El mayor artista de su época, humillado por la ciudad que había embellecido. En la Atenas convulsa, ni el genio te salvaba de la política.
Fidias, genio escultor, se convirtió en chivo expiatorio en medio de la tensión política—y tuvo que demostrar que no se había quedado ni con una dracma del oro que vestía a Atenea.