Letrinas Romanas: Privacidad, Cero
Siéntate, súbete la túnica—y ponte a charlar. Las letrinas romanas no daban ni un segundo de intimidad.

Unknown — "Victory with Cornucopia (Chariot Attachment)" (40–68 CE), CC0
Sin cabinas, sin vergüenza: así eran los baños romanos
Entra a una letrina pública romana y verás un banco de piedra con agujeros—y justo al lado, más agujeros idénticos. Sin paredes. Sin puertas. Solo tú y una docena de vecinos haciendo lo que todos tienen que hacer.
Charla de letrina: lo más normal
Los arqueólogos han encontrado estos baños, codo a codo, en sitios como Ostia Antica y Pompeya. Algunos hasta tienen reposabrazos tallados. Los romanos aprovechaban para ponerse al día con chismes o política—la privacidad era para los débiles.
Las letrinas públicas romanas eran bancos largos de piedra con agujeros en forma de cerradura—y ni un muro de por medio. Los restos de Ostia y Pompeya muestran estos bancos alineados, uno junto al otro. Amigos, desconocidos, políticos—todos hacían lo suyo juntos, con solo el murmullo y el agua corriendo de fondo.