La Última Resistencia de una Virgen Vestal
A la luz de las antorchas, una joven sacerdotisa desciende a una cámara bajo Roma—donde la muerte la espera con pan y leche.

Bartolomé Estebán Murillo — "Don Andrés de Andrade y la Cal" (ca. 1665–72), public domain
La tierra se la traga entera
Una Virgen Vestal, acusada de romper sus votos sagrados, es conducida entre una multitud en silencio. Roma no derrama su sangre, así que el castigo es enterrarla viva. La bajan bajo tierra con una lámpara, pan y una jarra de leche.
Justicia en la oscuridad
La puerta de piedra se cierra. La dejan morir, no como mujer, sino como símbolo. Para Roma, la pureza de las Vestales era el cimiento de la ciudad—si una caía, la suerte de Roma misma estaba en peligro.
Condenada por romper su voto de castidad, la sentencia de una Virgen Vestal era ser enterrada viva. Su muerte lenta era la advertencia de Roma: hasta lo divino debía obedecer las reglas de la ciudad.