Fulvia: Furia en un Mundo de Tíos
Fulvia entró al Foro romano con la cabeza de Cicerón en la mano. Le clavó el moño en la lengua — un último zasca al orador más famoso de Roma.

Théodore Rousseau — "The Forest in Winter at Sunset" (ca. 1846–67), public domain
La venganza de una mujer
Cuando ejecutaron a Cicerón, clavaron su cabeza y sus manos en el Foro. Fulvia — la mujer de Marco Antonio — cogió su moño y se lo clavó a la lengua de Cicerón, esa lengua que había rajado de su familia y sus planes. Feo, sí. Pero en Roma, la política era así de bestia.
La única mujer en la cima
Fulvia se adelantó a rivales, financió ejércitos y movió alianzas mientras sus maridos — primero Clodio, luego Curión, luego Antonio — salían en los titulares. Ella era la que mandaba de verdad, controlando bandas callejeras y montando follones. Las fuentes antiguas no sabían si temerla o reírse de ella.
Legado: borrada del guion
Cuando Fulvia murió, su nombre se perdió — tapado por los fracasos de Antonio. Pero su moño clavado fue el grito de todas las romanas que miraban desde la sombra cómo los hombres morían por palabras.
Fulvia jugaba a la política como los mejores — mucho antes de que las mujeres 'pudieran'. En Roma, la rabia era un arma, y Fulvia la usó sin pedir perdón.