La caída de Veii y el túnel de la cloaca
Un soldado romano se arrastró por la cloaca de una ciudad—y abrió las puertas tras diez años de asedio.

Lucas Cranach the Elder — "Johann I (1468–1532), the Constant, Elector of Saxony" (1532–33), public domain
Cloacas, no espadas.
Tras diez años de asedio, Roma no lograba romper los muros de Veii. Entonces, cuenta la leyenda, un pequeño grupo se coló por la cloaca sagrada de la ciudad—la suciedad pegada a la piel, el aire viciado en los pulmones—y emergió dentro del templo de Juno.
La ciudad cae desde abajo.
Se deslizaron hasta las puertas, hacha en mano. Mientras Veii celebraba un festival, los romanos irrumpieron y abrieron de par en par las puertas para su ejército. Livio describe el caos: la fiesta se volvió matanza, siglos de rivalidad acabaron en una noche.
¿Ingenio o sacrilegio?
Tomar una ciudad por la cloaca no era solo astuto—era profanar el corazón religioso de Veii. Para Roma, el favor de los dioses valía tanto como la victoria. A veces, las glorias más duras son también las más sucias.
En vez de asaltar los muros, Roma conquistó a su gran rival con astucia y mugre: un puñado de hombres, reptando por un pasaje sagrado bajo tierra.