Antígona entierra a su hermano
A la luz de las antorchas, Antígona se atrevió a esparcir polvo sobre el cadáver de su hermano—sabiendo que era sentencia de muerte.

Benigno Bossi (Italian, 1727–1792) — "Inventor of Greek Figures, Plate 10" (1771), CC0
El acto prohibido de una hermana.
Tras la guerra civil que destrozó Tebas, el rey Creonte prohibió que se llorara o enterrara el cuerpo de Polinices. Antígona, su propia sobrina, se coló de noche y cubrió el cadáver con polvo. Para los griegos, dejar un cuerpo sin enterrar era un insulto a los dioses.
La ley del rey contra la ley de los dioses.
Antígona fue atrapada. No suplicó clemencia. Se plantó ante Creonte y afirmó que debía obedecer un deber más alto—a los muertos, a la familia, a la ley divina. Su historia, contada por Sófocles, obligó a los atenienses a preguntarse: ¿qué haces cuando el poder contradice la conciencia?
Un dilema que nunca muere.
Antígona murió encerrada en una tumba. Pero su elección—obedecer al Estado o a tu propio sentido de lo correcto—la sobrevivió. Su nombre todavía significa desobediencia civil, y cada rebelión pregunta: ¿qué es sagrado, la ley o el corazón?
Su desafío encendió una batalla entre el deber religioso y la ley del Estado, que resonó mucho más allá de Tebas.