Un día como hoy: El astro perro abrasa Atenas
Hacia el 13 de julio, Atenas se cuece bajo Sirio—la estrella Perro. El calor asfixia, los ánimos arden y dormir es solo para los afortunados.

Unknown — "Terracotta statuette of Eros flying" (ca. 200–150 BCE), public domain
Cuando sale la estrella Perro, Atenas suda.
A mediados de julio, los griegos veían aparecer a Sirio, la estrella más brillante después del sol. Su salida heliaca señalaba el inicio de los “días de perro”, cuando el calor podía volver loco a cualquiera, los cultivos se secaban y hasta los sacerdotes murmuraban plegarias pidiendo alivio.
Días de perro, mal genio, dioses inquietos.
Hesíodo y otros avisaban: mejor pasar este tramo del verano agachado. El aire vibraba, el pan se volvía polvo y las fiebres del río acechaban. Los días de perro apretaban la ciudad hasta que, con suerte, llegaban las primeras tormentas—si es que llegaban.
Los antiguos vigilaban la salida de Sirio cada verano: marcaba los temidos “días de perro”, una temporada de sequía, fiebre y nervios al límite. Hasta los dioses se inquietaban bajo ese resplandor.