Catón el Viejo: El cruzado de la col
Catón presumía de comer col en el desayuno, la comida y la cena—y juraba que curaba desde el dolor de garganta hasta la resaca.

Gnaios — "Carnelian oval set in a 17th–18th century gold ring" (ca. 27 BCE–14 CE), public domain
El romano que no paraba de hablar de verduras
Catón el Viejo promocionaba la col como si fuera milagrosa. Escribió que todo romano debía cultivarla, comerla y hasta frotarse el jugo en las heridas. Para Catón, el huerto de col no era solo comida—era un arma contra la blandura.
La virtud está en ensuciarse las manos
Catón fue cónsul, censor, general—y profeta autoproclamado de la disciplina a la antigua. Perseguía el lujo en el Senado y juraba que la grandeza de Roma dependía del autocontrol, la austeridad y el trabajo duro. Su propia granja sencilla se volvió símbolo.
Empujando a Roma hacia atrás
El legado de Catón tiene filo. Conservó tradiciones, pero su terquedad le ganó enemigos. Hasta su hijo lo llamó duro. Pero dos siglos después, cuando la República cayó, más de uno deseó que hubiera habido más Catones—y menos charlatanes de la col.
Era implacable—una campaña humana por las viejas virtudes romanas, mezclando consejos de granja con ataques políticos, y acosando a los senadores para que vivieran con austeridad entre cucharadas de col hervida.