Catón el Joven y el Honor
"Prefiero que la gente pregunte por qué no tengo estatua, a que pregunten por qué la tengo." — Catón el Joven prefería ser olvidado antes que celebrado por lo que no tocaba.

Unknown — "Idealized Head" (50 BCE–100 CE), CC0
Un legado de humildad.
Plutarco, en su Vida de Catón el Joven (capítulo 19), cuenta: «Μᾶλλόν μοι βούλομαι ζητεῖν ἀνθρώπους διὰ τί οὐκ ἔχω ἄγαλμα ἢ διὰ τί ἔχω.» — «Prefiero que la gente pregunte por qué no tengo estatua, a que pregunten por qué la tengo.» Catón vivía por principios, no por aplausos.
Por qué Catón pasaba de la gloria.
Catón era la roca en la tormenta de Roma—cabezota, incorruptible, imposible de mover. Para él, la fama sin virtud era podredumbre bajo una piel dorada. Las estatuas se podían comprar. El carácter, ni de coña.
La conciencia incómoda de Catón.
Iba vestido normal, descalzo por el Senado, y rechazaba sobornos mientras ardía la guerra civil. Catón perdió todas las partidas políticas—pero ganó una fama tan bestia que ni César pudo borrarla. A veces, la humildad dura más que el mármol.
La cabezonería honesta de Catón inspiró y sacó de quicio a Roma. Era de los pocos políticos que temía más los honores que la vergüenza.