Artemisia de Halicarnaso: almirante persa, mente griega
En la mañana de la batalla de Salamina, Artemisia entra en las líneas griegas—su trirreme negra con bandera persa, pero la cabeza llena de estrategias que los hombres a su alrededor ignoran.

Unknown — "Bronze diskos thrower" (ca. 480–460 BCE), public domain
Una griega, almirante persa
Artemisia de Halicarnaso está en la proa de su nave de guerra, el destino de su ciudad atado al rey persa Jerjes. Es la única comandante femenina en Salamina, su barco cortando el Egeo mientras griegos y persas chocan.
Burlando a los dos bandos
Cuando la batalla se pone fea, Artemisia engaña a sus perseguidores embistiendo a un aliado persa, haciendo creer a los griegos que ha cambiado de bando—ganando justo el tiempo para escapar. Su audacia le gana el elogio de Jerjes: dicen que exclamó, 'Mis hombres se han vuelto mujeres, mis mujeres hombres.' Sus enemigos griegos la respetan a regañadientes.
La historia recuerda su nombre
Siglos después, Heródoto—que también era de su ciudad—no puede evitar admirarla. Entre reyes y generales, la mente afilada y las apuestas de Artemisia la hacen única. Era una advertencia: nunca subestimes a una forastera.
Una mujer griega al mando de una flota persa, burlando a sus enemigos y escapando al embestir a sus propios aliados—ganándose el respeto de Jerjes y la admiración a regañadientes de sus rivales griegos. En un mundo donde pocas mujeres mandaban ejércitos, la astucia y la frialdad de Artemisia obligaron a la historia a recordarla.