Arístides el Justo: Exiliado por la democracia
Arístides era tan honesto que su propia ciudad lo exilió—y por voto secreto, nada menos.

Unknown — "Terracotta stamnos (jar)" (early 5th century BCE), public domain
Desterrado por honesto
Arístides se ganó el apodo de 'el Justo' porque lo vivía—quizá demasiado. Los atenienses, desconfiando de quien era demasiado virtuoso, usaron su propia democracia para votarlo al exilio.
El filo de la democracia
El ostracismo significaba diez años fuera de casa, sin necesidad de delito. En una jornada de votación, un ciudadano le pidió a Arístides que escribiera su propio nombre en el trozo de cerámica, cansado de oír 'el Justo' por todas partes. Arístides lo escribió, imperturbable.
La virtud, castigada por la multitud
Volvió, perdonado, y volvió a liderar Atenas—prueba de que ser demasiado bueno puede ser peligroso, pero también deja huella. La democracia recuerda a sus justos, incluso cuando no los soporta.
Los atenienses escribían nombres en trozos de cerámica para desterrar posibles amenazas. La leyenda dice que un votante, incapaz de escribir, le pidió al propio Arístides que anotara 'Arístides', solo porque estaba harto de oírle llamar 'el Justo'. Arístides lo hizo, sin decir palabra. Así de extraña era la democracia ateniense: a veces, el hombre bueno paga su virtud con el exilio.