Temístocles y la huida en trirreme
Mientras las tropas persas invaden Atenas, Temístocles ordena evacuar la ciudad—excepto a las serpientes del templo.

Théodore Rousseau — "The Forest in Winter at Sunset" (ca. 1846–67), public domain
El último en salir de Atenas.
Las tropas persas se acercan, incendiando casas mientras Temístocles dirige una evacuación desesperada. Deja un detalle extraño: las serpientes del templo de Atenea reciben trato especial, llevadas junto a los objetos sagrados hasta Salamina. La ciudad queda vacía, la Acrópolis humea.
Una ciudad como cebo.
Mientras otros se hunden en la desesperación, Temístocles ya está tramando. Envía un mensaje—supuestamente secreto—a Jerjes, fingiendo traicionar a su propio pueblo. Atrae a la flota persa a los estrechos de Salamina, donde los barcos griegos esperan agazapados.
Victoria nacida de las cenizas.
Los persas creen que Atenas está rota. Pero lo que se rompe es su armada. La apuesta de Temístocles convierte una ciudad quemada en la trampa que salva a Grecia. A veces, la única salida es atravesar el fuego.
Temístocles convirtió la quema de Atenas en una trampa, atrayendo a los persas hacia Salamina y cambiando la historia griega para siempre.