Senado Romano: No todo era puñaladas por la espalda
Imagina el Senado romano como una cueva de cuchillos—cada uno por su cuenta, dagas bajo cada toga. Pero la mayoría de los senadores pasaban décadas en comités educados y nunca veían sangre.

François Marius Granet — "Ponte San Rocco and Waterfalls, Tivoli" (ca. 1810–20), public domain
¿Senadores sacando dagas, no?
En cada película, el Senado es un nido de traidores—Julio César rodeado de dientes apretados y cuchillos ocultos. Te imaginas una votación mortal que acaba en caos. Pero el Senado del día a día era mucho menos sangriento de lo que Hollywood vende.
En el Senado mandaba el debate, no el asesinato.
Hubo asesinatos—pero eran rarezas, no la norma. La mayoría de los senadores pasaban su carrera en debates eternos, pleitos legales e insultos educados. Solo en momentos de colapso, como el asesinato de César en el 44 a.C., el acero hablaba más alto que los discursos. Durante siglos, la 'puñalada' era más metáfora que riesgo diario.
Por qué el mito se quedó.
Shakespeare hizo inmortal el drama, y a los antiguos les encantaba el morbo. Pero si cada sesión del Senado acabara en sangre, Roma habría caído mucho antes de que César cruzara el Rubicón.
La política del Senado era despiadada, pero las historias de puñaladas son la excepción. Los senadores romanos peleaban más con palabras que con acero.