Escévola se quema la mano
Un joven romano mete su mano derecha en el fuego—solo para demostrarle algo a un rey.

Joos van Wassenhove — "The Adoration of the Magi" (1472–74), public domain
Una mano, un mensaje.
En el 508 a.C., Gayo Mucio se coló en el campamento del enemigo de Roma, el rey Porsena. El asesinato falló—mató al hombre equivocado, lo arrastraron ante el rey y ni parpadeó. En vez de suplicar, metió la mano en un brasero y la dejó arder, callado como un juramento.
El terror como diplomacia.
Según Livio, Porsena quedó tan impresionado por el temple de Mucio que lo liberó en el acto. La historia corrió rápido: los enemigos de Roma supieron de lo que era capaz un joven romano por su ciudad. Mucio salió con un nuevo nombre—Escévola, 'el zurdo'.
El acto de mutilación voluntaria de Escévola dejó tan impactado al rey etrusco que lo dejó ir—y se volvió símbolo de la determinación romana ante invasores extranjeros.