¿Roma Siempre Fue la Capital?
Roma no siempre fue el corazón palpitante del Imperio. Para el siglo IV, los emperadores apenas pisaban la ciudad.

Unknown — "Porphyry vessel with bearded masks" (ca. late 1st century BCE‒early 2nd century CE), public domain
El mito: Roma gobernaba desde Roma.
Imagina el imperio en su apogeo—cada decisión, cada emperador, cada intriga sucediendo dentro de los muros de mármol de Roma. La frase 'todos los caminos llevan a Roma' parece inamovible. Pero durante buena parte de la Antigüedad Tardía, los emperadores casi nunca estaban en casa.
Las verdaderas capitales se mudaron al este.
Desde Diocleciano, los emperadores se instalaron en Milán, Rávena y sobre todo Constantinopla. El poder político se desplazó al este, más cerca de amenazas y comercio. Roma conservó su grandeza, pero en tiempos de Constantino, la ciudad era un escenario para la nostalgia, no para el gobierno.
¿Por qué sobrevivió el mito?
Durante siglos, el nombre de Roma fue sinónimo de imperio—'romano' significaba 'civilizado', aunque el poder real estuviera a cientos de kilómetros. Incluso hoy, seguimos llamándolo Imperio Romano, no el de Milán ni el de Constantinopla.
Constantinopla y otras ciudades se volvieron capitales imperiales, reflejando cambios de poder y estrategia. La 'Ciudad Eterna' era más símbolo que sede de gobierno.