La plomería romana usaba tuberías de plomo
En la antigua Roma, el agua potable serpenteaba por tuberías hechas de plomo puro.

Unknown — "Head of a Bearded Man" (c. 125 CE), CC0
El agua corriente romana pasaba por plomo.
Entra a una casa romana y escucharás el murmullo del agua—fluyendo por tuberías hechas enteramente de plomo. Incluso las fuentes públicas de la ciudad brotaban agua transportada en estos tubos pesados y grisáceos.
Kilómetros de plomo bajo sus pies.
Las excavaciones en Pompeya y Ostia han revelado redes extensas de tuberías de plomo—algunas de cientos de metros. Los ingenieros romanos adoraban el plomo porque era fácil de moldear y sellar, pero el riesgo para la salud... ni idea tenían.
Sin envenenamiento silencioso—pero tampoco era bueno.
Pruebas modernas muestran que los depósitos minerales dentro de las tuberías antiguas creaban una costra que frenaba la filtración de plomo. Suficiente, quizá, para evitar un envenenamiento masivo. Aun así, el agua corriente romana era un lujo arriesgado.
Arqueólogos han descubierto kilómetros de tuberías de plomo bajo ciudades romanas como Pompeya y Ostia—puestas para alimentar fuentes, termas y casas privadas. La palabra latina para plomero (plumbarius) viene de 'plumbum', que significa plomo. Algunos análisis modernos sugieren que, aunque las tuberías añadían algo de plomo al agua, el flujo constante y la costra mineral limitaban la exposición—no hubo envenenamiento masivo, pero tampoco era el sistema más sano.