Piedras pómez: de la piel a los pergaminos
Una rutina de belleza romana empezaba con un trozo de roca volcánica—arrastrado por la piel desnuda hasta sangrar.

Piero di Cosimo (Piero di Lorenzo di Piero d'Antonio) — "A Hunting Scene" (ca. 1494–1500), public domain
Roca volcánica para piel suave
Una mujer romana se sienta en un banco de mármol, frotando piedra pómez sobre sus piernas. Lo hace hasta que la piel arde—un ritual matutino que dejaba muchas extremidades en carne viva y sin vello. La belleza tenía precio.
Más que un truco de belleza
En Pompeya han aparecido piedras pómez en tocadores y ruinas de escuelas. Los romanos se lavaban los dientes con polvo de pómez y la usaban para borrar tablillas de cera. La próxima vez que borres un lápiz, piensa en piernas romanas y deberes en latín.
Los romanos no usaban la piedra pómez solo para exfoliar. Los arqueólogos han encontrado que estas rocas porosas servían para depilar, limpiar dientes e incluso borrar errores en tablillas de cera. Una herramienta, tres usos: la pómez podía dejarte pulido, lampiño y con mejor caligrafía.