París y el duelo que casi terminó la guerra de Troya
En una llanura polvorienta, París acepta pelear contra Menelao por Helena—el que gane se la lleva, y la guerra se acaba.

David — "The Death of Socrates" (1787), public domain
Un duelo para acabar el asedio
Los ejércitos griego y troyano detienen la batalla: París, príncipe de Troya, y Menelao, rey de Esparta, dan un paso al frente. El trato: combate singular por Helena. El ganador se la queda y se termina una guerra de diez años—ni una gota de sangre más.
París pierde—y luego desaparece
Menelao atraviesa el escudo de París y lo arrastra del casco—la victoria está a segundos. Pero de repente, París se esfuma, raptado por Afrodita. Frente a los dos ejércitos, los dioses manipulan el resultado—la guerra seguirá.
La guerra nunca es justa
El duelo casi detiene una década de sangre. En vez de eso, todos ven quién manda de verdad—los dioses, no los reyes ni los soldados. En el mundo de Homero, el destino nunca está en manos humanas.
Con todos mirando, París estuvo a segundos de morir cuando Afrodita lo esfumó del campo—los dioses nunca iban a dejar que los mortales resolvieran las cosas tan fácil.