Olimpias, madre de Alejandro Magno
Dormía con serpientes, decía descender de Aquiles y le enseñó a su hijo que había nacido de dioses.

Unknown — "Terracotta oinochoe (jug)" (mid-4th century BCE), public domain
Madre de leyendas, rodeada de serpientes
Olimpias tenía serpientes domesticadas en su dormitorio, lo que inquietaba a los sirvientes y aterrorizaba a sus enemigos. Algunos decían que las usaba en ritos dionisíacos. A su hijo Alejandro le insistía que no era un niño común—era hijo de Zeus, destinado a gobernar más allá de Macedonia.
Una reina en un mundo de puñales y coronas
La corte real de Macedonia era puro caos: intrigas palaciegas, alianzas cambiantes y rivales por todas partes. Olimpias los superó a todos. Tras el asesinato del rey Filipo, destruyó a su nueva esposa y aseguró el camino de Alejandro al trono. Los de fuera la llamaban despiadada; en casa, era una tormenta que nadie quería cruzar.
La creadora de mitos detrás del conquistador
Cuando Alejandro arrasó Asia, no solo llevaba una espada, sino una historia—la que su madre le había contado desde la cuna. Olimpias no vivió para ver caer su imperio, pero su leyenda caló igual de hondo: la madre que se atrevió a hacer de un niño un dios.
Olimpias no solo crió a Alejandro Magno—le talló la leyenda en la mente, susurrándole que el rayo mismo corría por su sangre.