El Envenenamiento de Britannicus
En un banquete real, un príncipe de 13 años bebe de su copa—y se desploma, jadeando, frente al emperador.

Luigi Valadier — "Pair of five-light candelabra" (1774), public domain
Muerte en la mesa del emperador
Las velas titilan. Los esclavos sirven el vino. Britannicus, el hijo adolescente de Claudio, da un sorbo—y segundos después, se agarra la garganta. Frente a media élite romana, el chico muere ahogándose, mientras el emperador Nerón lo observa impasible desde su diván.
Una advertencia, servida fría
Historiadores como Tácito cuentan cómo los envenenadores deslizaron la dosis mortal en la copa de Britannicus. La muerte del chico, escenificada en un banquete público, fue más que un asesinato: era teatro político. Nerón eliminó a su único rival real y mandó un mensaje: el poder en Roma podía volverse letal en un instante.
Ningún refugio bajo el techo de un emperador
El mensaje caló en cada invitado. Si un príncipe podía morir ante sus ojos, ¿quién estaba seguro? Después de esa noche, cada comida en el palacio de Nerón tenía sabor a miedo.
Nerón mandó envenenar a su hermanastro Britannicus durante la cena, consolidando su poder y dejando claro a todos los presentes: bajo su techo, nadie estaba a salvo.