La misteriosa muerte de Germánico
Germánico, el niño dorado de Roma, agoniza en Siria. Acusa a su rival de envenenarlo—con una multitud junto a su cama.

Velázquez (Diego Rodríguez de Silva y Velázquez) — "Philip IV (1605–1665), King of Spain" (probably 1624), public domain
Un príncipe muere lejos de casa.
En el año 19 d.C., el carismático Germánico —adorado por el ejército y el pueblo, y heredero de Tiberio— cayó gravemente enfermo mientras servía en Siria. En su lecho de muerte, acusó al gobernador local, Pisón, de haberlo envenenado por orden del emperador. Su esposa, Agripina, solo pudo mirar impotente mientras aparecían en su casa extraños objetos mágicos.
El caos tras la muerte.
La noticia de su muerte desató el luto público en todo el imperio. Multitudes abarrotaron Roma exigiendo justicia. Pisón fue llevado a un juicio sensacional, acusado de traición y magia negra. Se suicidó en plena causa, alimentando las sospechas de encubrimiento que perseguirían a la familia imperial durante generaciones.
La sombra sobre el futuro de Roma.
La muerte de Germánico dejó a Roma sin su heredero favorito, y los susurros de asesinato imperial resonaron durante décadas. Su hijo, Calígula, acabaría siendo emperador—y el ciclo de rumores y sospechas siguió girando.
La muerte de Germánico desató disturbios, rumores y un juicio en Roma—prueba de que hasta los herederos más brillantes podían desaparecer de un plumazo.