Mario y el Montón de Cadáveres
Mario cabalga hacia un mar de romanos en fuga—se baja del caballo y reta al enemigo, solo.

Léon Bonnat — "An Egyptian Peasant Woman and Her Child" (1869–70), public domain
Un solo hombre contra la estampida.
La línea romana se rompió. Hombres pisoteándose para escapar. En medio del caos, el cónsul Cayo Mario se lanzó al centro de la desbandada, saltó del caballo y se plantó sobre un montón de cuerpos. Desenvainó la espada y, a la vista de todos, desafió a los guerreros cimbrios a enfrentarlo.
Del pánico al coraje.
Al ver a su general luchando solo, los soldados romanos dejaron de correr. Dicen que los cimbrios dudaron, impresionados por el valor de Mario. La legión se reagrupó a su alrededor. Minutos después, los invasores eran los que huían—y una catástrofe romana se volvió leyenda.
El coraje de un general se vuelve mito.
Los escritores antiguos no se ponen de acuerdo en los detalles, pero la resistencia de Mario impactó a aliados y enemigos. Livio y Plutarco describen un instante donde solo los nervios mantuvieron unido a un ejército. A veces, la historia no gira por los planes, sino por quien se niega a huir.
Cuando todo se vino abajo y los soldados romanos huían, Cayo Mario convirtió un montón de cadáveres en su fortaleza. Su resistencia frenó el pánico y convirtió la derrota en victoria.