La loba y los fundadores de Roma
Dos bebés flotan por el Tíber, arrojados en una cesta por orden real. Saldrán de ahí para sacudir el mundo.

Colonna — "Siren" (ca. 1600), public domain
Abandonados por orden de un rey.
Dos gemelos, hijos de Marte y una vestal, fueron lanzados al Tíber por orden de su tío abuelo, el rey Amulio. ¿Su crimen? Ser una amenaza para su trono. El río no los tragó—sus aguas solo llevaron la cesta hasta la orilla.
Criados por una loba, coronados por el destino.
Una loba encontró a los niños y los amamantó bajo una higuera. Más tarde, un pastor llamado Fáustulo los recogió como propios. Estos desechados crecerían para fundar Roma—una ciudad cuyos primeros habitantes eran fugitivos, prófugos y gente sin otro lugar a donde ir.
De la orilla del río al imperio.
Todo romano conocía esta historia. No iba de destino, sino de supervivencia, casualidad y de quién se atreve a tomar el poder cuando le llega flotando a los pies.
Rómulo y Remo, abandonados como peones políticos, sobrevivieron contra todo pronóstico. El mito fundacional de Roma es crudo, violento y lleno de segundas oportunidades—y nadie sale limpio.