La Sorpresa de Lisandro en Egospótamos
Durante cinco días, los soldados atenienses vieron a los espartanos no hacer nada—y bajaron la guardia. Ahí es cuando Lisandro atacó.

Alexandre-Gabriel Decamps — "The Turkish Patrol" (ca. 1855–56), public domain
La Flota Enemiga Más Perezosa
En el 405 a.C., la maltrecha marina ateniense veía a los espartanos anclados al otro lado del río en Egospótamos—sin moverse, día tras día. Algunos atenienses se iban a tierra a buscar comida o echarse una siesta. Parecía seguro, casi aburrido. Lisandro, el almirante espartano, solo esperaba su momento.
La Trampa Se Cierra
Al quinto día, Lisandro lanza un ataque fulminante. Los barcos atenienses están casi vacíos—la mayoría de los soldados relajándose en la playa. En minutos, Esparta captura casi toda la flota. Solo nueve barcos de más de 180 logran escapar. La última esperanza de Atenas se esfuma.
El Fin de la Guerra
La caída de Atenas ya no era una duda. El truco de Lisandro selló una generación de ambición, orgullo y sangre. A veces, el final de una era llega en una tarde perezosa.
El ataque relámpago de Lisandro destruyó la última flota de Atenas y acabó una generación de guerra en una sola tarde.