La lavandería romana funcionaba con orina humana
En la antigua Roma, los lavanderos restregaban la ropa en cubas de orina humana rancia—recogida de los baños públicos.

El Greco (Domenikos Theotokopoulos) — "Christ Healing the Blind" (ca. 1570), public domain
Orina: el quitamanchas de la antigua Roma
Las lavanderías romanas recogían orina humana de urinarios públicos y orinales domésticos. La ropa se empapaba, pisoteaba y restregaba en ella por manos expertas: los fullones. El olor debía ser brutal, pero el resultado era claro—to gas más blancas, sábanas más suaves.
Un impuesto al pis
El emperador Vespasiano vio negocio donde otros veían desperdicio. Gravó la recogida de orina y las tasas llenaron el tesoro de Roma. El apodo de los urinarios públicos—'vespasiani'—todavía lleva su huella en el italiano de hoy.
La orina contiene amoníaco, un limpiador natural, así que los fullones romanos (lavanderos profesionales) la valoraban como detergente. El emperador Vespasiano incluso gravó el negocio de la recogida de orina. Si te metías por los callejones cerca del Tíber, veías tinajas de barro rebosando líquido amarillo, listas para empapar togas sudadas. Era un gran negocio, y la peste era legendaria.