La muerte de Gayo Graco
Las calles de Roma se tiñen de rojo mientras Gayo Graco huye por su vida—traicionado, descalzo y cargando con el peso de una República rota.

Caravaggio (Michelangelo Merisi) — "The Musicians" (1597), public domain
Pánico en la colina Aventino.
Cuando los agentes del Senado lo declararon enemigo, Gayo Graco corrió descalzo por Roma, perseguido por turbas. Solo un puñado de amigos se quedó a su lado. Buscaron refugio en el bosque junto al río, esperando una barca—nunca llegó.
Traición y brutalidad.
Su último compañero ordenó a un esclavo matarlo, para evitarle caer en manos del Senado. Le cortaron la cabeza, la llenaron de plomo fundido y la pasearon como prueba de su muerte. La primera purga política de Roma estaba completa, y la ciudad había cruzado una línea.
El camino a la guerra civil.
Desde ese día, el asesinato se volvió herramienta política en Roma. Ningún político podía sentirse seguro, y el destino de la República quedó sellado—no por leyes, sino por sangre sobre las piedras.
Gayo Graco intentó reformar Roma, pero cuando estalló la violencia, sus aliados lo abandonaron y su cabeza terminó como trofeo macabro. La República nunca se recuperó del precedente que se marcó ese día.