Epaminondas Cae en Mantinea
Cuando sus enemigos lo rodean, Epaminondas siente una lanza espartana atravesarle el pecho—y ordena que nadie la saque.

Unknown — "Limestone statue of a youth" (early 5th century BCE), public domain
Un general derribado.
En la batalla de Mantinea, año 362 a.C., el general tebano Epaminondas lideró la carga contra espartanos y aliados. De repente, una lanza espartana le atravesó el pecho. Cayó en el sitio, negándose a abandonar el campo.
Un hombre, un imperio menos.
Herido y medio inconsciente, Epaminondas insistió en que nadie le sacara la lanza hasta saber el resultado de la batalla. Solo cuando le dijeron que Tebas había ganado, se dejó morir. Pero con su muerte, el poder de Tebas se desmoronó casi de un día para otro.
Lo que cuesta un solo aliento.
Al caer la noche, ya nadie mandaba en Tebas. La ciudad que había tumbado a Esparta pasó a ser una más del montón. A veces, solo hace falta una herida para que se acabe toda una época.
Con su último aliento, Epaminondas se negó a que le curaran la herida hasta saber que Tebas había ganado. Cuando murió, se acabó el poder tebano—una lanza y adiós imperio.