La Batalla de las Escaleras: Bíbulo y César
Los soldados romanos intentan tomar una playa fortificada—pero cada escalera se parte bajo su peso.

Giovanni Battista Tiepolo — "The Triumph of Marius" (1729), public domain
Las escaleras se rompen.
En el asedio de Dirraquio en el 48 a.C., los hombres de Julio César intentaron asaltar las fortificaciones de Pompeyo en la playa. Cientos trepaban a la vez, y las escaleras de madera se partían bajo el peso, lanzando soldados acorazados al oleaje.
Pánico en la orilla.
Corrientes de heridos llenaban el agua. La disciplina romana se hizo trizas—los hombres se pisoteaban, peleando por volver a los botes. El propio César se metió entre ellos, suplicando a sus veteranos que aguantaran. Al final, solo una retirada relámpago salvó lo que quedaba del asalto.
Una escapada de milagro.
Los historiadores dicen que nunca estuvo César tan cerca de la derrota total. Un tablón débil, una escalera mal puesta—y el destino de Roma estuvo a punto de darse la vuelta.
Cuando la disciplina romana falló en Dirraquio, el caos y el pánico casi le cuestan todo a César. Solo una evacuación desesperada salvó el día.