Desastre en Arausio: El orgullo romano desatado
Dos generales romanos acampados a cada lado de un río—sin cruzar palabra mientras un ejército extranjero se acercaba.

Jacques Louis David — "The Death of Socrates" (1787), public domain
Generales en guerra—entre ellos
En el 105 a.C., con una horda germánica acercándose, los comandantes romanos Mallius y Caepio se negaron a unir fuerzas. Los viejos rencores eran tan profundos que, en vez de juntar sus ejércitos, acamparon en orillas opuestas del Ródano. Mensajeros iban y venían, pero ni una sola palabra pasó directamente entre los dos hombres.
Un día en que Roma casi muere
Cuando los cimbrios y teutones atacaron, las líneas romanas colapsaron en el caos—ambos ejércitos masacrados por separado, incapaces de ayudarse. Las fuentes antiguas hablan de al menos 70.000 soldados y civiles muertos, una pérdida tan brutal que en Roma cundió el pánico. Hizo falta una década y las reformas de Mario para reconstruir el ejército.
El precio del orgullo
Arausio se volvió sinónimo de desastre en la memoria romana. El Senado tuvo que suplicar a Cayo Mario—un 'hombre nuevo'—que los salvara. A veces, el verdadero enemigo no está al otro lado del río. Está al otro lado de la hoguera.
Las rencillas personales en Arausio llevaron a la peor derrota romana en un siglo—más de 70.000 muertos en un solo día, casi rompiendo la República.