Honorarios de Abogados Romanos—Con Tope Legal
En Roma, tu abogado no podía cobrarte más de 10.000 sestercios, fueras tan rico como fueras.

Unknown — "Bronze stylus" (1st‒2nd century CE), public domain
Los abogados tenían un techo de precio
En la Roma imperial, un abogado no podía poner el precio que quisiera. La Lex Cincia fijaba el tope en 10.000 sestercios—una suma respetable, pero calderilla para los ricos. ¿Cobrar más? Técnicamente, era delito.
Trucos y favores bajo la mesa
Este techo legal intentaba que la justicia fuera accesible para cualquier romano. En la práctica, los clientes regalaban 'obsequios' lujosos o pagaban 'servicios' para contentar a sus abogados. La ley era estricta, pero la creatividad romana encontraba el hueco.
La ley romana regulaba al milímetro los honorarios de los abogados. La Lex Cincia, reafirmada una y otra vez bajo Augusto y otros emperadores, ponía un límite duro a lo que podían aceptar por caso—más o menos lo que costaba una casa de campo modesta. La idea era que el asesoramiento legal no fuera solo para ricos, pero todos encontraban la forma de saltarse la norma.