Heródoto a Juicio por Sus Propias Historias
Heródoto lee sus 'Historias' en voz alta—y su propio público lo abuchea.

Vittore Gambello — "Seated Hercules in the act of shooting at the stymphalian birds" (ca. 1515–20), public domain
Un historiador frente a su público
Imagina a Heródoto de pie ante la multitud en Olimpia, leyendo sus 'Historias' por primera vez. Algunos aplauden. Otros se ríen—o lo interrumpen a gritos, llamando locura a sus relatos de hormigas que buscan oro y reinas amazonas. Incluso en el siglo V a.C., la audiencia tenía opiniones.
Escribió historia, le exigieron pruebas
Heródoto quería dejar constancia de lo que veía y lo que le contaban. Pero los griegos esperaban que los hechos encajaran con su propia lógica. Cuando describía costumbres egipcias o reyes persas, sus rivales lo acusaban de tragarse cuentos de hadas. Algunos llegaron a llamarlo 'el padre de las mentiras'.
La historia nació entre disputas
Heródoto siguió escribiendo. Viajó más lejos, recogió historias aún más extrañas e insistió en que la verdad a veces se esconde en los rumores. La pelea entre el relato y la realidad: ahí germina la historia tal como la conocemos—y como seguimos discutiéndola hoy.
Ni el 'Padre de la Historia' se libró de defender su versión de la verdad—y sus críticos se encargaron de que se ganara el título.