Heródoto y el festín del cocodrilo
El padre de la historia llega a Egipto y se encuentra con sacerdotes alimentando cocodrilos sagrados a mano.

Unknown — "Terracotta plemochoe (vase for perfume)" (5th century BCE), public domain
Heródoto conoce a Sobek.
Cuando Heródoto viaja a Egipto, mira incrédulo cómo los sacerdotes se meten en aguas turbias, aplauden y cantan para llamar a enormes cocodrilos. Las bestias se acercan a la orilla esperando comida. Los sacerdotes les lanzan pan, carne y pasteles de miel como si fueran mascotas de la familia.
¿La primera trampa para turistas de la historia?
Para un griego, los cocodrilos son monstruos. En Egipto, son sagrados, encarnaciones del dios Sobek. Heródoto cuenta que algunos sacerdotes incluso adornan a sus cocodrilos con joyas y los dejan tomar el sol sobre mantas bordadas.
La verdad supera al mito.
A Heródoto le encantaba contar lo que veía—pero nunca juraba que todo fuera cierto. A veces, la historia empieza justo donde se te cae la mandíbula.
Heródoto no solo anotaba guerras—cruzaba fronteras y creencias para traer historias que a los griegos les sonaban imposibles.