Los griegos colgaban trampas para moscas en los baños públicos
Entra a un baño público en Atenas y verás tiras de carne seca colgando de las vigas—no son para los dioses, sino para las moscas.

Unknown — "Athlete Making an Offering" (c. 450–425 BCE), CC0
Cazando bichos en el baño
Los atenienses tenían un remedio práctico para el zumbido: tiras de carne o pescado seco colgaban de las vigas en los baños públicos. No era un tentempié. Era un anzuelo para las moscas, alejándolas de los asuntos más delicados que ocurrían abajo.
Nada de incienso, solo carne cruda
Sabemos de esta táctica gracias a Aristófanes, que se burla en sus comedias de las moscas dándose festines con estos cebos colgantes. Los arqueólogos también han encontrado rastros en las paredes de antiguas letrinas. El olor debía ser brutal—carne, sudor y el lado menos glamuroso de la ciudad.
Los griegos antiguos combatían enjambres de moscas con cebos colgantes en sus letrinas comunales. Restos arqueológicos y las comedias de Aristófanes lo confirman: la higiene pública era creativa, aunque poco apetecible.