Fragmenta.
Historia·Grecia Antigua·Grecia Clásica Tardía, siglo IV a.C.

Olimpias y las Serpientes

Cuando el joven Alejandro despertó y encontró una serpiente viva en su cama, su madre Olimpias ni se inmutó—ella misma la había puesto ahí.

Olimpias y las Serpientes

Nausicaä Painter — "Terracotta hydria: kalpis (water jar)" (ca. 460–450 BCE), public domain

Serpiente en la cuna

Olimpias, esposa de Filipo II, era experta en el drama. Plutarco cuenta que entrenaba serpientes mansas para que se deslizaran por los aposentos de las mujeres—dejando a sacerdotes, sirvientas y al pequeño Alejandro entre el asombro y el susto.

El plan divino de una madre

Olimpias aseguraba que su hijo descendía de los dioses, difundiendo el rumor de que Zeus, y no Filipo, era el verdadero padre de Alejandro. Ritos nocturnos, truenos y serpientes silbando alimentaban la historia. En un mundo donde los dioses se metían en todo, un poco de teatro reptil daba para mucho.

El nacimiento de una leyenda

Cuando Alejandro marchó hacia el este, ya corría el rumor de que tenía sangre de dioses olímpicos. A veces, el mito era el arma más afilada de una madre.

Olimpias usó el espectáculo religioso y el susto de una serpiente para decir que el verdadero padre de Alejandro era un dios, no Filipo de Macedonia.

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