¿Odiaban el placer los filósofos griegos?
Imagina al filósofo antiguo: arrugado, austero, solo bebe agua y desprecia cualquier alegría. Nos dicen que el placer era el enemigo de la sabiduría.

Gustave Moreau — "Oedipus and the Sphinx" (1864), public domain
¿El filósofo, aguafiestas?
Pregunta por ahí y te dirán: los filósofos griegos despreciaban el placer, convencidos de que el sufrimiento forja el carácter. Vino, risas, una buena comida—todo sospechoso o inmoral.
Epicuro amaba su queso.
Epicuro, uno de los filósofos más famosos de Atenas, escribió que el placer era el fin de la vida—si era del tipo correcto. Su escuela-jardín valoraba la amistad, el pan y, de vez en cuando, un trozo de queso por encima de la riqueza o el lujo. Para él, la alegría tranquila era sabiduría, no vicio.
¿De dónde sale el mito?
Los estoicos—que sí predicaban autocontrol—llegaron después y acapararon la fama. Los libros modernos mezclan estoicos y epicúreos en un solo estereotipo gris y aburrido.
En realidad, escuelas griegas como el epicureísmo defendían que el placer—bien entendido—era el mayor bien. ¿Su versión? Jardines tranquilos, buenos amigos, comida sencilla. Nada de orgías, pero tampoco de amargura.