Fragmenta.
Historia·Roma Antigua·Roma Republicana Tardía

Cicerón y la Conspiración de Catilina

Invierno de 63 a.C., un frío que flipas. Cicerón sube las escaleras del Senado sabiendo que ya hay asesinos dentro.

Cicerón y la Conspiración de Catilina

Unknown — "Opaque blue glass oval engraved gem" (1st century BCE), public domain

Asesinos en el Senado.

Noviembre, 63 a.C. Cicerón, el cónsul, recibe el chivatazo: Lucio Sergio Catilina planea cargarse a medio Senado y tomar Roma a la fuerza. Al amanecer, Cicerón da el discurso en el Templo de Júpiter. Catilina, en primera fila, mirándole con cara de pocos amigos—dicen que llevaba un puñal bajo la toga.

Nombra al traidor—en su cara.

Cicerón hace lo que casi nadie se atreve. Señala a Catilina por su nombre y suelta el bombazo en un discurso brutal: '¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?' Los senadores se quedan blancos. Catilina se levanta, se pira cabreado y se va directo a unirse a su ejército rebelde.

Aquí empieza el marrón legal.

El destape de Cicerón electrificó Roma. El Senado, acojonado, ordena ejecutar a los sospechosos sin juicio. Años después, esa misma movida ilegal le pasaría factura al propio Cicerón.

La jugada de Cicerón destapó una conspiración en pleno corazón de Roma. Sus discursos salvaron la República... por un rato. Pero abrió la puerta a un rollo peligroso que luego se le volvió en contra a toda Roma.

Tres minutos al dia.

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