Hoy en la Historia: Los Días de Perros No Aflojan
10 de agosto en Atenas—Sirio, la estrella del Perro, sigue ardiendo sobre los tejados. La noche no refresca; los atenienses se retuercen en sábanas empapadas, soñando con viento fresco.

Pierre-Auguste Cot — "The Storm" (1880), public domain
La estrella del Perro manda en el cielo de agosto.
Para el 10 de agosto, Sirio todavía machaca Atenas. Las piedras de la ciudad devuelven el calor acumulado del día. Los poetas antiguos culpaban al brillo implacable de la estrella por el insomnio y los malos humores.
Sirio trae fiebre e inquietud.
Los griegos pensaban que Sirio podía quemar cosechas, volver locos a los perros y desatar enfermedades repentinas en los humanos. Los sacerdotes ofrecían sacrificios a Apolo pidiendo alivio, soñando con una brisa marina—o al menos una noche en la que el sueño regresara.
Los días de perros no eran solo una metáfora—los griegos creían que la luz abrasadora de Sirio podía provocar fiebre y locura.