Pescado salado en el desayuno: un clásico griego
Un desayuno de rico en Atenas podía empezar con un trozo de pescado salado, duro como suela, arrancado a mordiscos y bajado con vino aguado.

Unknown — "Marble stele (grave marker) of a woman" (mid-4th century BCE), public domain
Un desayuno bien salado
Un desayuno de rico en Atenas podía empezar con un trozo de pescado salado, duro como suela, arrancado a mordiscos y bajado con vino aguado. El pan fresco era lujo, pero el pescado en salmuera era el pan de cada día.
Las espinas cuentan la historia
Las excavaciones en Atenas han encontrado pilas de espinas—caballa, mújol, hasta anchoas—tiradas en los patios de las casas. El pescado salado era barato, fácil de llevar y popular. Algunas variedades de prestigio venían desde el mar Negro, bien apretadas en salmuera.
¿Hasta dónde por un buen pescado?
Los dramaturgos griegos se burlaban de quienes derrochaban en pescados salados exóticos como símbolo de estatus. Dos mil años después, las espinas cuentan lo mismo: el ansia griega por el pescado en conserva era real—y sin freno.
Las excavaciones en Atenas han sacado montones de espinas—caballa en salmuera, mújol correoso y hasta anchoas—tiradas junto a copas rotas y huesos de aceituna en la basura doméstica. Obras de teatro y listas de mercado mencionan el pescado salado como manjar diario: barato, portátil y vendido en barriles abiertos en el ágora. Si tenías dinero, lo comprabas importado del mar Negro, sumergido en salmuera hasta que los labios picaban.