Desayuno griego: Pan remojado y vino
Desayunar en Atenas solía ser mojar pan duro en vino aguado y comerlo con la mano.

Unknown — "Limestone statue of a youth" (early 5th century BCE), public domain
Pan, vino y poco más
En la Atenas clásica, la mayoría empezaba el día con pan de cebada remojado en vino aguado. Nada de pasteles ni fruta, solo sobras del día anterior—ablandadas lo justo para poder masticarlas.
Una comida de necesidad
Poetas cómicos como Aristófanes se burlan de este desayuno—lo llaman el combustible de los que trabajan con hambre. Las excavaciones en casas atenienses encuentran migas y copas baratas, pero ningún manjar. Los más ricos podían añadir un poco de miel, pero eso era raro.
Fuentes griegas como Aristófanes y fragmentos de cerámica cotidiana apuntan a un desayuno más de supervivencia que de banquete: pan de cebada del día anterior, empapado en vino tinto diluido, antes de que salga el sol. Ni aceitunas, ni fruta, y desde luego nada de huevos—solo lo que quedaba del pan de ayer. Para la mayoría, la primera comida era llenar el estómago, no disfrutar.