Demetrio de Falero, el tirano de terciopelo
Vestía túnicas perfumadas y gobernó Atenas con mano de terciopelo—hasta que tuvo que huir disfrazado cuando la ciudad se hartó.

Unknown — "Terracotta guttus (flask with handle and vertical spout)" (late 4th century BCE), public domain
Perfume y poder en la Asamblea
Demetrio de Falero entra en la Asamblea ateniense sin armadura, envuelto en seda cara, el cabello aceitado brillando. Prohíbe funerales fastuosos y expulsa a los filósofos callejeros. Durante diez años, Atenas es ordenada—casi demasiado tranquila.
Entre tirano y reformador
Cuando el poder macedonio acecha, Demetrio camina sobre el filo: complace a los ocupantes y calma la ciudad con poesía, bibliotecas y leyes sutiles. Pero sus reformas se sienten como una jaula forrada de terciopelo, y las viejas heridas supuran bajo la calma.
Exilio en tierra de cocodrilos
Cuando Atenas por fin se rebela, Demetrio huye—dejando atrás sus perfumes. Muere en Egipto, mordido por una serpiente, y en la memoria de la ciudad queda un leve aroma a lujo de alguien a quien nunca le perdonaron que el orden oliera demasiado dulce.
Demetrio trajo orden y cultura a Atenas, pero la ciudad empezó a oler a perfume importado. Su gobierno terminó sin sangre, pero sí en exilio: una lección de lo rápido que el gusto se convierte en rechazo.