Coronas de laurel: no para cualquier victoria
¿Te imaginas a cada romano victorioso, de generales a poetas, coronado al instante con laurel? Pues no.

Laurel Crowns: Not Everyday Trophies, public domain
La corona de laurel en cada cabeza
La cultura pop lo adora: generales romanos, poetas, hasta invitados a cenar, todos coronados de laurel por cualquier triunfo. En cualquier fiesta de toga, alguien lleva una. Parece el accesorio diario del éxito antiguo.
Un premio casi inalcanzable
Las coronas de laurel reales se reservaban casi solo para generales que lograban un triunfo completo, una celebración tan rara que la mayoría nunca veía una. Poetas y atletas podían llevar otras coronas, como de olivo o pino. Pero un laurel romano auténtico era tan exclusivo como un oro olímpico.
¿Por qué este mito por todas partes?
La culpa es de los artistas del Renacimiento—pintando a todo romano con hojas en la frente—y de la poesía que invoca el 'laurel' como metáfora de cualquier victoria. Pero para la mayoría, la corona de laurel era un sueño lejano e imposible.
Las coronas de laurel eran premios sagrados y raros—reservados casi siempre para generales triunfadores y, después, algunos emperadores. Soldados y ciudadanos comunes jamás recibían una. Ovidio, Virgilio, Cicerón—ninguno llevó la auténtica.