La Masacre de Caracalla en Alejandría
Caracalla invitó a los sabios de Alejandría a una arena—y luego ordenó una matanza.

Unknown — "Porphyry basin" (2nd–3rd century CE), public domain
La invitación de un emperador.
En el año 215 d.C., Caracalla entró en Alejandría envuelto en el recuerdo de su hermano asesinado, Geta. Convocó a los principales sabios, filósofos y jóvenes de la ciudad al gimnasio, prometiendo favores y recompensas. Acudieron confiados en la palabra imperial.
La trampa se cierra, la sangre corre.
Mientras la multitud esperaba, los soldados romanos cerraron las puertas. Caracalla dio la señal. Comenzó la masacre. Los mejores y más brillantes de Alejandría murieron en sus togas, aplastados contra muros de mármol ahora manchados de sangre. Las fuentes antiguas hablan de miles de muertos por una burla que Caracalla jamás perdonó.
Una ciudad muda de horror.
La matanza fue la venganza de Caracalla contra una ciudad que se burló de él. Los sobrevivientes susurraban, las bibliotecas cerraron sus puertas y hasta las historias romanas recuerdan el día en que el saber fue castigado con la muerte. Alejandría nunca volvió a confiar en Roma.
El emperador convirtió una ciudad de ingenio y saber en un cementerio por un rencor. Pocos escaparon. Siglos después, el silencio aún pesa sobre Alejandría.