Calzadas romanas: no siempre a línea recta
Te imaginas las calzadas romanas: autopistas rectísimas cruzando Europa, sin curvas ni titubeos. El mito: los romanos solo usaban la regla.

Ottavio Leoni (Il Padovano) — "A Cardinal's Procession" (1621), public domain
Mito: todas las calzadas romanas eran rectas.
Piensa en la Vía Apia—kilómetros y kilómetros, sin desviarse, conquistando el paisaje. Hollywood, los libros de texto y hasta los letreros turísticos repiten la leyenda: las calzadas romanas nunca dudaban, siempre rectas, imponiendo orden al caos.
Las calzadas romanas también se desviaban—y a lo grande.
A los agrimensores romanos les fascinaba un buen tramo recto, pero se apartaban por crestas de piedra caliza, ríos o terrenos sagrados. La Vía Apia cerca de Terracina hizo un rodeo brutal por los acantilados. Otras rutas en Hispania y Britania serpenteaban días para evitar túneles caros o terratenientes furiosos. Los arqueólogos mapean curvas y quiebros por todo el imperio.
Por qué el mito se quedó.
El mito de la calzada recta viene de escritores como Tácito y de las ruinas mismas—los tramos largos impresionan. Pero la mayoría zigzagueaba cuando la naturaleza o la política lo exigía. La leyenda es solo más limpia que la realidad.
A los ingenieros romanos les gustaban las líneas rectas, pero las doblaban por montañas, valles o política local—a veces con curvas imposibles. Las excavaciones revelan desvíos, giros y hasta rotondas en la red de caminos antigua.