Calpurnia y el sueño que persiguió a Roma
Horas antes del asesinato de César, su esposa Calpurnia se despierta temblando de una pesadilla—su estatua manando sangre, senadores lavándose las manos en ella.

Unknown — "Mold Fragment with Musicians" (late 11th–early 12th century), public domain
Un sueño empapado en sangre
Antes del amanecer en los Idus de marzo, Calpurnia se despierta de golpe, helada hasta los huesos. En su sueño, la estatua de mármol de César brota sangre y los hombres se bañan en ella. En la casa del hombre más poderoso de Roma, ni el sueño es seguro.
La mañana en que debió quedarse en casa
Fuentes como Plutarco y Suetonio recogen a Calpurnia suplicando a César—no vayas, se avecina algo terrible. La ciudad fuera hierve de rumores, los sacerdotes advierten de malos augurios. Por un instante, César casi la escucha. Luego se encoge de hombros, sale y entra al Senado por última vez.
Roma no olvida su advertencia
Mucho después de que las espadas hicieran su trabajo, los romanos recordaban el miedo de Calpurnia. ¿Superstición, intuición femenina o algo más? Su pesadilla se vuelve el presagio de todos—grabado en el mito del poder ignorado.
La mañana de los Idus, Calpurnia le rogó que no fuera al Senado. Un sueño—tan vívido que historiadores como Plutarco y Suetonio no pudieron ignorarlo—se volvió uno de los presagios más escalofriantes de la memoria romana. César dudó, luego la apartó. Salió por la puerta directo a la emboscada más famosa de la historia.