Calpurnia, la esposa que avisó a César
La noche antes de los Idus de marzo, Calpurnia se despierta aterrada—sueña con sangre y le suplica a Julio César que no salga de casa.

Piero di Cosimo (Piero di Lorenzo di Piero d'Antonio) — "A Hunting Scene" (ca. 1494–1500), public domain
El sueño que congeló a Roma
Calpurnia, esposa de César, despierta jadeando de una pesadilla—su asesinato, visto en sombras y sangre. Se aferra a su marido, desesperada, y le advierte que los dioses están enviando una señal. Cuando el sol asoma sobre Roma, le suplica que se quede en casa.
Una ciudad de presagios y dudas
En la antigua Roma, los sueños y augurios lo eran todo—sobre todo cuando el poder y la vida estaban en juego. Senadores, esclavos, hasta generales cambiaban de planes por un mal presagio. Pero César, orgulloso y ya en la mira, ignora el ruego de Calpurnia. No puede permitirse parecer débil, no ahora.
Avisos ignorados, destino imparable
César la besa y sale a la mañana de marzo. Horas después, la sangre del sueño de Calpurnia corre por el suelo del Senado. A veces, toda Roma puede girar por una sola pesadilla.
En una ciudad obsesionada con los presagios, la pesadilla de Calpurnia pesaba. Le rogó a César que no fuera al Senado, describiendo su visión de su estatua bañada en sangre. Hasta los aliados más duros dudaron. Pero al amanecer, César la desoye—'¿Qué pensarán si me dejo llevar por el miedo de una mujer?'—y camina directo al emboscado más famoso de la historia.