¿De verdad los romanos comían lenguas de pavo real?
Imaginas un banquete romano: senadores atiborrándose de lenguas de pavo real, lirones rellenos de nueces y platos tan raros que dejarían boquiabierto a cualquier chef moderno.

Unknown — "Marble Statue Group of the Three Graces" (2nd century CE), public domain
El mito de las cenas grotescas romanas.
Todos lo hemos visto: senadores romanos recostados, devorando manjares extraños—lenguas de pavo real, cerebros de flamenco, hasta algún ratón. Es la imagen clásica del exceso imperial: cada banquete, un circo culinario.
La verdad: lujo servido en bandeja de plata.
Las fuentes que sobreviven—como el Satiricón de Petronio y Plinio el Viejo—mencionan platos extravagantes, pero eran rarezas, espectáculos para los ultrarricos. La mayoría de los romanos comía cereales, verduras, queso o cerdo. ¿Lenguas de pavo real? Más para presumir y escandalizar que para llenar el estómago.
¿Por qué imaginamos así la comida romana?
A los escritores posteriores les encantaba burlarse de la decadencia de Roma, describiendo los banquetes más salvajes para mostrar la corrupción moral. Hollywood se subió al carro. Pero para la mayoría, 'lujo' era pan fresco, un poco de vino y, con suerte, una salsa de tripas de pescado.
Aunque algunos romanos presumían de comer rarezas, platos como las 'lenguas de pavo real' eran lujos extremos, no comida de diario—más símbolo de estatus que cena real.