Fragmenta.
Personaje·Grecia Antigua·Grecia Helenística, siglo II a.C.

Átalo III y el Jardín Venenoso

El rey de Pérgamo pasa más tiempo diseccionando víboras que gobernando su corte.

Átalo III y el Jardín Venenoso

Paul Gauguin — "Ia Orana Maria (Hail Mary)" (1891), public domain

Un rey en el jardín venenoso

En vez de banquetes o batallas, Átalo III, último rey de Pérgamo, merodeaba por sus jardines con un bisturí. Diseccionaba víboras, preparaba venenos y dibujaba plantas—su corte lo veía perderse cada vez más en sus obsesiones.

Un trono para extraños

Mientras los nobles de Pérgamo esperaban órdenes, Átalo redactó un testamento: si moría sin heredero, Roma se quedaba con todo. Cuando la muerte llegó de repente, Pérgamo pasó a ser territorio romano de la noche a la mañana—porque un rey prefirió las serpientes a los hijos.

Átalo III dejó el reino más rico de Asia a Roma, no a un heredero. Prefería la compañía de raíces y reptiles a la de cortesanos—y su testamento cambió el mapa.

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