El asedio de Jerusalén y la quema del Templo
Jerusalén ardió durante días. Soldados romanos irrumpieron por las puertas del Templo con fuego en las manos.

Unknown — "Marble bust of a youth" (1st or 2nd century CE), public domain
La noche que cayó el Templo
En el año 70 d.C., entre gritos y humo, las tropas romanas asaltaron el Templo de Jerusalén en los últimos días de un asedio brutal. Tito, comandante y futuro emperador, supuestamente quería salvar el edificio sagrado. Pero el orden se desmoronó en el caos de la batalla.
Cenizas y ruina
Voló una antorcha. El cedro seco rugió. El Templo—centro de la fe judía—se volvió un horno. El historiador antiguo Josefo escribió que la sangre corría por los escalones del altar mientras las llamas devoraban oro, madera y piedra por igual. El corazón de la ciudad quedó reducido a cenizas.
El después del fuego
Tito contempló el incendio en silencio. La destrucción puso fin a siglos de culto y sacudió al mundo antiguo. Roma desfiló sus tesoros robados por la ciudad—un triunfo construido sobre ruinas sagradas.
Tito quería salvar el Templo, pero en el caos, sus legionarios lo incendiaron—el lugar más sagrado del judaísmo desapareció en una sola noche.